Jack Bauer, perdón… Kiefer Sutherland es Ben Carson, un inestable detective que fue suspendido por matar accidentalmente a un compañero; sumergido en el alcohol, la depresión y un matrimonio desmoronado, consigue trabajo como guardia de seguridad nocturno (obviamente) de las ruinas de los majestuosos almacenes Mayflower que fueron destruidos por un voraz incendio.

Es allí donde Ben empieza a notar que hay algo raro con los inmensos espejos del almacén; es decir, algo raro además de que estén inmaculados, e intactos, mientras que el resto de la construcción está en ruinas por el incendio. Los espejos empiezan a comunicarse con Ben, a mostrarle horrendas imágenes del pasado, del fuego que destruyó todo, a pedirle que ubique a una tal Anna Esseker y lógicamente a matar gente. Sip. Los villanos de esta película son los espejos, y no sólo los espejos sino cualquier cosa que refleje una imagen.

El film es un remake de una película Koreana y logra entretener y asustar un poco aunque no es la obra maestra del terror y tiene huecos en el guión tan grandes como el gran cañon del colorado (por ejemplo, si los espejos pueden encontrar la casa de ben, la de la hermana y su carro, por que no podían encontrar a Anna Esseker… digo yo…)

Sin tanto CGI, ni monstruos sorprendentes, ni locos con sierras eléctricas, el director Alexandre Aja logra un buen resultado con esta película que nos mantiene expectantes, un poco tensionados e inmersos en la historia durante casi toda la función. Y no se puede negar que la excelente actuación de Sutherland contribuye en gran medida al éxito de la película, aunque no podamos dejar de verlo como Jack Bauer y esperamos escuchar el Tic Tac Tic Tac de 24 en cualquier momento.

Personalmente le quitaría el “demonio” de las últimas escenas e intentaría explicar un poco más el origen de la “posesión” de Anna. Pero el final es único. De esos que lo dejan a uno diciendo “wow... que buen final”.

Y no les cuento más porque todavía está en cartelera.

 

Y le damos 7/10