La Princesa y el Sapo nos narra la historia de Tiana. Un niña negra de Nueva Orleans (es la primera película de Disney con un protagonista negro) cuyo sueño es tener un lujoso restaurante en compañía de su padre; pero este muere en la guerra y Tiana tiene que conformarse con trabajar como mesera, prácticamente de por vida y en doble turno, para intentar ahorrar el dinero necesario para comprar una vieja bodega que quiere convertir en su restaurante.

Todo marchaba relativamente bien hasta que Tiana se cruza con el príncipe Naveen, quien ha sido convertido en sapo por el diabólico Dr. Facilier, y se le ocurre besarlo. Desafortunadamente, como Tiana no es una princesa real, en lugar de que el sapo se convierta en príncipe, Tiana termina convertida en sapo (o en rana?) y aquí empiezan las aventuras que los dos protagonistas de La Princesa y el Sapo deberán enfrentar para volver a ser humanos. En el camino encontrarán cocodrilos, luciérnagas, curiosamente llamados Louis (¿Armstrong?) y Ray (¿Charles?), brujos, demonios y mucha, mucha música.

La Princesa y el Sapo es un regreso de Disney a la animación tradicional. Nada de las imágenes generadas por computador a las que nos hemos acostumbrado estos últimos años. Esta película es dibujada a mano como los grandes clásicos. Personalmente me pareció refrescante volver a ver una película de Disney con este tipo de animación, imágenes y personajes con los que Disney nos deleitó por mucho tiempo. La música de la película (mucho jazz y mucho blues) son parte primordial de la historia y encajan perfectamente en cada situación, podría decirse que la banda sonora es un personaje más de la película.

Como buen clásico de Disney siempre habrá quienes encuentren mensajes ocultos en cada rincón. Mucho se ha hablado del racismo que evoca la película al convertir a Tiana en sapo (o en rana) y de las alusiones al Vudú. Por Dios... si Tiana no se convierte en sapo (o en rana) no hay historia. Además ¿que mejor ejemplo de laboriosidad, amor y dedicación que Tiana? La chica se parte la espalda trabajando para conseguir su sueño, y lo que persigue no es ningún príncipe azul, sino un lugar donde poder trabajar en lo que le gusta y honrar así la memoria de su padre. ¿Qué mejor ejemplo a seguir que ese?

En cuanto al vudú, si, hay vudú, pero es que la historia se desarrolla en Nueva Orleans. ¿qué querían? Además para los que saben ver más allá de sus narices, la película también deja enseñanzas y reflexiones bastante interesantes; basta mirar la moraleja final de la historia: "Sabes lo que quieres, pero debes mirar un poco más adentro para encontrar lo que necesitas".

La Princesa y el Sapo es un cuento de hadas con todas las de la ley, pero bastante aterrizado al mundo real y tiene todos los ingredientes para convertirse en un clásico de Disney al mejor estilo de Blancanieves o la Cenicienta.

Le doy 8 / 10