Para dar una buena impresión, Juan Oliver (Alberto Ammann) decide presentarse en su nuevo trabajo un día antes de empezar oficialmente. Una vez allá sus nuevos compañeros le muestran las instalaciones, le presentan a sus nuevos colegas y todo va bien, hasta que de un momento a otro un pedazo de vidrio cae sobre Juan hiriéndolo y dejándolo semiinconsciente. Sus compañeros entonces deciden llevarlo entonces a la celda 211 mientras llega la ayuda médica, en el preciso instante en que se desata una violenta revuelta en la prisión en la que no debería estar, porque empezaba a trabajar al día siguiente. Eso le pasa por sapo.
La revuelta es liderada por Malamadre (Luis Tosar) y tiene como fin dejar al descubierto los malos tratos a los que son sometidos los presos y lograr que al exponer estos casos ante los medios, mejoren sus condiciones dentro de la prisión. Para tal fin, Malamadre cuenta con un par de ases bajo la manga: tres prisioneros Etarras que piensa utilizar como arma política para presionar al gobierno a que ceda ante sus requerimientos.
Juan despierta, se encuentra en medio de la revuelta y haciéndose pasar por un nuevo recluso, logra ganarse la confianza (y la protección) de Malamadre. Mientras tanto, afuera de la prisión, Elena (Marta Etura), la esposa embarazada de Juan, se entera del motín de los reclusos y apresuradamente se dirige a la prisión para averiguar por la suerte de su marido, con fatales consecuencias.
Con unas actuaciones excepcionalmente creíbles (Luis Tosar encarna un Malamadre completamente convincente y cuya simple presencia intimida) el director Daniel Monzón logra una excelente película dentro de un género bastante trillado: el de los motines carcelarios. Celda 211 nos sumerge en la prisión con un ritmo vertiginoso. Sin entrar en detalles contando las vidas o situaciones específicas de los protagonistas de la historia, se centra en la acción del momento, en las necesidades inmediatas de los reclusos, que buscarán por todos los medios que sus demandas sean satisfechas y en la peligrosa "actuación" de Juan Oliver, quien sin intentar convertirse en héroe, sólo intenta salir con vida de la horrible situación en que encuentra.
Sin perder la velocidad con que todo ocurre (y con que hablan los actores, porque confieso que me costó trabajo entender varios de los diálogos a pesar de ser en español), Monzón gira la historia a su antojo, cambiando por completo la perspectiva de la audiencia ante las situaciones presentadas.
En conclusión, una historia digna de ver y que seguramente mantendrá captiva a la audiencia durante los 113 minutos completos.
Le damos 8.5 / 10


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